ARTES LITERARIAS

Contenido

  • 1Otras definiciones específicas
    • 1.1Otras denominaciones
  • 2La Literatura
    • 2.1La literatura se define por su literariedad
    • 2.2El término literatura y sus adjetivos; una suma de Castagnino
    • 2.3Barthes: la literatura como práctica de escritura
    • 2.4Nuevas formas para abordar la cultura del texto literario

Literatura

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La literatura es el arte que utiliza como instrumento la palabra. Por extensión, se refiere también al conjunto de producciones creadas de una nación, de una época o de un género (la literatura griega, la literatura del siglo XIX, etc). y al conjunto de obras que versan sobre un arte o una ciencia (literatura médica, literatura jurídica, etc). Es estudiada por la Teoría de la Literatura.

Otras definiciones específicas

En Diccionario de Autoridades (1734), la Literatura es el conocimiento y ciencias de las letras. La etimología viene de la palabra latina Linterna, que significa letras. En el siglo dieciséis en España se le designaba a los manuscritos legales, y a las artes y letras. En el Diccionario de la Real Academia Española, (1992) literatura se le asigna al arte que emplea como instrumento la palabra, que comprende las obras que caben elementos estéticos. Una segunda denominación habla sobre una teoría sobre las composiciones literarias. En el Diccionario de uso español de María Moliner se designa Literatura al «arte que emplea como medio de expresión la palabra hablada o escrita». Una segunda designación habla sobre el conjunto de obras literarias.
De acuerdo con el Diccionario internacional de literatura y gramática filosófica de Guido Gómez, la literatura se refiere a los escritos imaginativos o de creación de autores que han hecho de la escritura una forma excelente, para expresar ideas de interés general o permanente.

Otras denominaciones

  1. El conjunto de la producción escrita de ficción. Desarrolla cada técnica propia y cuyo fin es la recreación.
  2. Se le designa a la producción de obras creativas escrito por autores y, avaladas por la crítica literaria.
  3. Clase de escritos que se distinguen por su belleza de estilo o expresión, como la poesía, los ensayos o la historia, a diferencia de los tratados científicos o trabajos cuya preocupación se centra más en el fondo que en la forma.
  4. Es el arte que expresa belleza por medio de las palabras. Es parte de las Bellas Artes como la música, la escultura, el teatro, etc.
  5. Conjunto de obras literarias producidas en una época: Literatura barroca, literatura romántica...
  6. Bibliografía existente acerca de un tema específico.
  7. Por literatura también se considera el compendio histórico de un país o de una nación.
  8. En su más amplia acepción, por literatura se entiende todo lo relacionado con las letras, particularmente las escritas, y podría definirse como "el conjunto de la producción escrita".
  9. Literatura es la expresión de la belleza por medio de la palabra oral o escrita: "alles was geschrieben ist, ist literatur" (todo lo que esta escrito, es literatura).

La Literatura

En el siglo XVII, se designaba lo que hoy denominamos “literatura” por medio de las palabras poesía o elocuencia. Durante el Siglo de Oro español, por poesía se entendía cualquier invención literaria, no necesariamente en verso, perteneciente a cualquier género literario (§ A.S). A comienzos del siglo XVIII, se comenzó a emplear la palabra literatura, para referirse a un conjunto de actividades que utilizaban la escritura como medio de expresión. A mediados del siglo XVIII Lessing, publica Briefe die neueste Literatur betreffend, donde aparece "literatura" como un conjunto de obras literarias. A finales del siglo XVIII, el término literatura se enfoca en la cualidad estética de las obras literarias. Este concepto se puede encontrar en la obra de Marmontel, Eléments de littérature (1787), y en la obra de Mme. De Staël, De la littérature considéré dans se rapports avec les institutions sociales (§ A.S).
En
Inglaterra, en el siglo XVIII (§ E.T), la palabra literatura no se refería solamente a los escritos de carácter creativo e imaginativo sino que abarcaba el conjunto de escritos producidos por las clases instruidas: cabían en ella desde la filosofía a los ensayos, pasando por las cartas y la poesía. En la Inglaterra del siglo XVIII, la novela tenía mala reputación, y se le cuestionaba si debía pertenecer a la literatura. Por eso Eagleton sugiere que los criterios para definir el corpus literario en la Inglaterra del siglo XVII eran ideológicos, circunscritos a los valores y a los gustos de una clase instruida. No se admitían las baladas callejeras ni los romances, ni las obras dramáticas (Una introducción a la teoría literaria, 29). En las últimas décadas del siglo XVIII apareció una nueva demarcación del discurso de la sociedad inglesa. Eagleton nos cuenta que surge la palabra poesía como un concepto de la creatividad humana en oposición a la ideología utilitaria del inicio de la era industrial. Tal definición la encontramos en la obra Defensa of poetry (1821) de Shelley. En el romanticismo de la Inglaterra, el término literatura era ideario a sinónimos como visionario o inventivo. Pero no dejaba de tener tintes ideológicos, como en el caso de Blake y Shelley, para quienes se transformó en ideario político, cuya misión era transformar la sociedad mediante los valores que encarnaban en el arte. En cuanto a los escritos en prosa, no tenían la suficiente fuerza o el arraigo que los de la poesía, más bien tenían un significado peyorativo como vulgar, o carente de inspiración (§ E.T. ).

La literatura se define por su literariedad

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En la búsqueda de definir qué es literatura y qué es lo literario, surgieron movimientos de teoría literaria para estudiar y delimitar su objeto de Estudio: La literatura. A comienzos del siglo XX, el formalismo ruso se interesa por el fenómeno literario, e indaga qué hace que un texto sea literario, o sobre la literaturidad de la obra. Roman Jakobson plantea que la literatura tiene particularidades en la forma, que la hacen diferente a otros discursos; una que llama función poética, que hace al lenguaje llamar la atención sobre sí mismo. En efecto, en la lengua de uso hay determinadas expresiones que se producen sólo porque producen un placer, un placer de naturaleza estética, en línea con lo que pensaba Aristóteles. El lenguaje combinaría recurrencias (repeticiones) y desvíos de la norma para enrarecerse, impresionar la imaginación y la memoria y llamar la atención sobre su forma expresiva.

El lenguaje literario sería un lenguaje estilizado y trascendente, destinado a la perduración, muy diferente de la lengua de uso normal, destinada a su consumo inmediato. La literatura, por otra parte, exige una tradición sobre la que levantarse: Don Quijote de la Mancha no habría podido escribirse si no hubieran existido antes libros de caballerías, o al menos no ese Don Quijote de la Mancha. Un texto literario no puede estimarse de forma inmanente y autónoma, sino como consecuencia de otros muchos textos y antecedente de otros (véase intertextualidad).
Wolfang Kayser, a mediados del siglo XX, planea cambiar el término de literatura por el de bellas letras (Belles Lettres), diferenciándolas del habla y de los textos no literarios, en el sentido de que los textos literario-poéticos son un conjunto estructurado de frases portadores de un conjunto estructurado de significados, donde los significados se refieren a realidades independientes del que habla, creando así una objetividad y unidad propia.

El término literatura y sus adjetivos; una suma de Castagnino

Castagnino, en su libro ¿Qué es la literatura?, indaga sobre qué es literatura y cómo abarca el concepto en las diferentes realidades tales como la escritura, la historia, la didáctica, la oratoria y la crítica. Según Castagnino, la palabra literatura adquiere a veces el valor de nombre colectivo cuando denomina el conjunto de producciones de una nación, época o corriente; o bien es una teoría o una reflexión sobre la obra literaria; o es la suma de conocimientos adquiridos mediante el estudio de las producciones literarias (48). Otros conceptos, como el de Verlaine, apuntan a la literatura como algo superfluo y acartonado, necesario para la creación estética pura. Por lo cual Claude Mauriac propuso el sentido de "aliteratura" para contraponer el sentido despectivo de Verlaine. Todas estas sumas hacen de la literatura una propuesta que depende de los ángulos desde donde se la vea. Así, Castagnino concluye que la literatura, más que una definición, es una suma de adjetivaciones limitadoras y específicas.
Si se considera la literatura de acuerdo con su extensión y su contenido, la literatura podría ser universal, si abarca la obra de todos los tiempos y lugares, es nacional. Si se atiende a los fundamentos del hecho literario, es particular, y si apunta a una temática, popular.
Según el objeto, la literatura será preceptiva si busca normas y principios generales; histórico-crítica si presenta un examen genealógico; comparada, si se atiende simultáneamente al examen de las obras, autores y temáticas; comprometida si adopta posiciones militantes frente a la sociedad o el estado; pura si sólo se propone como un objeto estético; ancilar, si su finalidad no es el placer estético sino que está al servicio didáctico de órdenes extraliterarias.
Según los medios expresivos y procedimientos,
Castagnino propone que la literatura puede manifestarse en verso o en prosa y sus realizaciones se manifiestan por medio de géneros literarios eternos que se dan más o menos desarrollados en cualquier cultura: lírics, épico, dramático. Manifestaciones Líricas, si expresan sentimientos personales. Épícas, si se constituyen en expresión de un sentimiento colectivo manifestado mediante modos narrativos. Dramáticas, si objetiva los sentimientos y los problemas individuales comunicados a través de un diálogo directo. A estos géneros literarios eternos habría que añadir además el género didáctico. El fenómeno literario ha estado en constante evolución y transformación durante todo el tiempo en el que se encuentra presente. No se le puede nombrar parte de la literatura a un texto en distintas épocas de la historia porque cambia el concepto de “arte literario”.

Barthes: la literatura como práctica de escritura

Para Barthes la literatura no es un corpus de obras, ni tampoco una categoría intelectual, sino una práctica de escribir. Como escritura o como texto, la literatura se encuentra fuera del poder porque se está obrando en él un trabajo de desplazamiento de la lengua, en la cual surten efecto tres potencias: Mathesis, Mímesis, Semiosis (Barthes, Lección Inaugural, pp. 120-124 ). Como la literatura es una suma de saberes, no existe un tema general que pueda fijar o fetichizar a ninguno. Cada saber tiene un lugar indirecto que hace posible un diálogo con su tiempo. Como en la ciencia, en cuyos intersticios trabaja la literatura, siempre retrasada o adelantada con respecto a ella: “La ciencia es basta, la vida es sutil, y para corregir esta distancia es que nos interesa la literatura.”(125). Por otra parte el saber que moviliza la literatura no es completo ni final. La literatura sólo dice que sabe de algo, es la gran argamasa del lenguaje, donde se reproduce la diversidad de sociolectos o constituyendo un lenguaje límite o grado cero, logrando de la literatura, del ejercicio de escritura una reflexibilidad infinita, un actuar de signos (125)

Nuevas formas para abordar la cultura del texto literario

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Si en un momento se trató de definir qué es la literatura, hubo otra tendencia, la cual se proponía agrupar otro tipo de textos que tenían un contenido literario, pero que la crítica consideraba que no pertenecían al corpus literario. En la búsqueda de nuevas formas de afrontar el referente literario, se plantearon nuevos discursos de abordaje a través de estudios de varias disciplinas afines. El caso que muestra este problema de definir la literatura se presenta en los estudios literarios coloniales. Walter Mignolo plantea esa problemática en su artículo La lengua, la letra, el territorio (o la crisis de los estudios literarios coloniales). Parte desde la problemática sobre cómo se puede configurar un corpus de obras de estudio y qué parámetros se usarían para hacer la selección. Tal problema se inicia con el concepto de anteriores críticos quienes acertaban a señalar que sólo los textos castellanos serían dignos de estudio.caso de Enrique Anderson Imbert, en la cual afirma que la literatura en América sólo la conforman aquellos que hacen "uso expresivo de la lengua española en América". Descarta las producciones por indígenas, los escritores hispanoamericanos que escribieron en latín como Rafael Landívar, en francés como Jules Supervielle o César Moro, o en inglés como Hudson. Y tampoco a los que escribieron en español pero sin experiencia americana. Por el contrario, dada la complejidad idiomática de las colonias, y entre las confrontaciones de culturas basadas en la oralidad y en la escritura, hace del periodo colonial un centro ideal para estudiar sobre culturas y variables idiomáticas como el espectro de interacciones discursivas. La crisis aludida en el título se entiende como el reconocimiento, por parte de los investigadores, "de que la relevancia de la circulación de discursos en el Nuevo Mundo y entre el Nuevo Mundo y Europa para la comprensiones del periodo va más allá de lo escrito (puesto que importa las tradiciones orales y las escrituras no alfabéticas) y de lo escrito en castellano por hispanos" (Mignolo, 4). En esta revisión de los estudios coloniales se ven cuatro proyecciones que contribuyen a examinar la imagen heredada de la literatura colonial. La primera comienza antes de 1980. Se refiere a los estudios de neolatín y los estudios de la literatura náhuatl, en la época del México colonial. La segunda proyección, es un esfuerzo por justificar la atribución de propiedades estéticas o culturales a un conjunto de textos, que nos resulta hoy obvia, aunque no sus rasgos literarios. A la vez es un esfuerzo por ahondar en el origen de la literatura latinoamericana en el siglo XVI. Estudios como el de Enrique Pupo-Walker, en sus esfuerzos por encontrar las propiedades literarias en los escritos del Inca Garcilaso de la Vega, y de conjugar lo imaginario y lo retórico con lo literario en el pensamiento histórico, y el de uso de técnicas narrativas en discursos historiográficos. Basta también mencionar los trabajos de Noé Jitrik sobre Colón, y de Beatriz Pastor en sus estudios del discurso narrativo. Estos estudios tienen dos elementos en común, que son el de crear un espacio crítico sobre la naturaleza de lo literario y lo hispanoamericano, y el de proyectar las técnicas del análisis literario hacia el análisis de discursos no-literarios.
El interés de buscar constantes más que la especificidad de un discurso, y por otro las normas retóricas que regían la producción literaria y la lectura de discursos entre los siglos XVI y XVII es la tercera proyección, u orientación a que se refiere Mignolo (6). Y la cuarta orientación se ubica en la interacción entre las fronteras idiomáticas y el discurso hegemónico. Tanto la descripción como la puesta en escena en tiempo del discurso, requieren un “contexto de descripción” cuya configuración no la elabora la Historia, sino que la postula el investigador, como medio de adentrarse en esa compleja cultura de las lenguas precolombinas.

Estos ejemplos nos muestran el desplazamiento del área de estudios de la literatura hispanoamericana hacia el discurso de la colonia. También nos invitan a examinar los límites de la noción de literatura hispanoamericana, y nos exigen una revisión de la noción de “literatura” y de lo “hispanoamericano”.